
Entrevista a Laura Castillo: Mujer y discapacidad, ¿doble discriminación?
- 06/03/2025
Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, entrevistamos a Laura Castillo, consultora de Inclusión Laboral en Fundación Prevent, para conocer su experiencia en primera persona respecto a la doble discriminación y la inclusión en el mercado laboral.
¿Existe la doble discriminación en el ámbito laboral?
Sí, está muy presente, por ejemplo, en las profesiones donde predominan tareas de fuerza o tradicionalmente asociadas al género masculino, como la conserjería, operario de producción o el trabajo de mozo de almacén. Además, se infantiliza a las mujeres con discapacidad, asumiendo que son más débiles y menos preparadas para soportar las exigencias laborales, tanto físicas como psicológicas. En algunos casos, esto se agrava con la restricción de su capacidad de decisión proveniente del entorno próximo, lo que dificulta aún más su acceso al empleo. Esta discriminación también se refleja en el acceso a puestos de alto rango, donde la presencia de mujeres con discapacidad es meramente anecdótica. Asimismo, el peso del cuidado de familiares suele recaer sobre ellas, lo que limita aún más sus oportunidades laborales.
¿Qué es para ti la inclusión laboral?
La inclusión laboral de las mujeres con discapacidad implica reconocer que cada persona es única y que, según sus circunstancias, puede necesitar distintos apoyos. Estas mujeres enfrentan desafíos adicionales que, en algunos casos, pueden agravar su situación. Por ejemplo, la menstruación impacta a nivel físico, hormonal y psicológico, lo que puede intensificar las dificultades preexistentes derivadas de la discapacidad, haciéndolas más evidentes en esos días. Comprender esta realidad y ofrecer adaptaciones como el teletrabajo, horarios flexibles o una redistribución de la carga laboral es clave para promover una verdadera inclusión. Sin embargo, esta inclusión no debe traducirse en un freno para su desarrollo profesional, sino en una oportunidad para garantizar igualdad de condiciones sin penalizaciones en su trayectoria laboral.
En tu experiencia, ¿cómo cambia estar en un entorno laboral sensibilizado de uno que no lo está?
Marca la diferencia, especialmente cuando toda la plantilla está sensibilizada. La falta de sensibilización puede llevar a que las adaptaciones necesarias para una mujer con discapacidad sean percibidas como privilegios o caprichos en lugar de derechos. Además, un entorno laboral sensibilizado y comprensivo no solo facilita la inclusión y reduce posibles conflictos, sino que también puede impulsar la promoción de mujeres con discapacidad hacia cargos de responsabilidad, eliminando prejuicios sobre su desempeño y garantizando igualdad de oportunidades en su desarrollo profesional.
En tu experiencia, ¿cómo afecta la doble discriminación a la hora de trabajar de cara al público?
Lamentablemente, ser una persona con discapacidad ya supone una barrera para que quienes atiendes te reconozcan como una profesional con las competencias necesarias para resolver problemas. Sin embargo, esta situación se agrava cuando, además, eres mujer y, como en mi caso, joven. Y no podría ser menos en el caso de ser mujer, joven y tener discapacidad. Me he encontrado con situaciones en las que padres o personas usuarias han tenido dificultades para aceptar que la profesional a cargo era yo. Y cuando había un compañero varón con discapacidad, automáticamente se le atribuía el rol de experto. Este tipo de prejuicios no solo afectan a las mujeres con discapacidad, sino que también se reproducen en entornos donde hay profesionales de ambos géneros, otorgando, de manera automática, mayor autoridad y dominio de la temática al profesional masculino.
¿Cómo crees que se puede empoderar más a las mujeres con discapacidad en el ámbito laboral?
Creo que contar con referentes reales y cercanos, así como conocer casos de éxito profesional, puede ser una poderosa herramienta de empoderamiento. Ver que las corporaciones apuestan por las mujeres y, en especial por las mujeres con discapacidad, refuerza la confianza en nuestras propias capacidades. Además, la sororidad entre nosotras nos brinda apoyo y nos dota de herramientas para enfrentar situaciones de desigualdad, nos permite ver que hay un camino real donde se valora de verdad el talento femenino con discapacidad y deshacer los estigmas de más bajas, menos productivas, más dependientes, cargas familiares etc.