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‘Hay empresas que no se atreven a contratar a un discapacitado’

La tasa de paro entre este colectivo es del 32,2%, casi ocho puntos superior a la de la población sin discapacidad. Pese a las campañas de sensibilización, todavía persisten los prejuicios sobre la falta de productividad y un mayor absentismo.

Si encontrar trabajo en España resulta en muchas ocasiones una empresa titánica, sobre todo, si se tiene más de 50 años y se lleva más de dos años en paro; tener una discapacidad complica aún más la misión. Pese a las campañas de sensibilización, aún subsisten determinados prejuicios.

«Para algunos, la discapacidad todavía supone una barrera y hay empresas que aún no se atreven a dar el paso y contratar a un discapacitado. Conozco a gente frustrada porque le han cerrado muchas puertas», asegura Soledad Pérez, de 51 años. Hace seis meses, se vio obligada a dejar su trabajo para cuidar de su marido tetrapléjico. Desde entonces está en paro. Sin ayudas y con una discapacidad reconocida del 33%.

La tasa de paro entre este colectivo es del 32,2%, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística correspondientes al año 2014, es decir, 7,8 puntos superior a la de la población sin discapacidad.

Soledad es consciente de que no lo tiene fácil, pero no piensa rendirse como tampoco lo hizo su marido. «Era abogado y autónomo. Y hasta que la enfermedad se lo permitió, se arrastraba todos los días hasta su despacho, aunque necesitara luego la ayuda de un compañero para las cosas más básicas», cuenta esta mujer que irradia fortaleza pese a las adversidades que ha tenido que padecer o, precisamente, por éstas.

«Quiero encontrar un trabajo porque lo necesito económicamente, cobro sólo 370 euros de pensión y 530 del paro y tengo una hija de 20 años. Pero también porque soy de esas personas que se sienten felices cuando van a trabajar cada día», afirma.

Hace 17 años, a Soledad le diagnosticaron fibromialgia. Aunque asegura que la tiene ya muy controlada gracias a la medicación, tiene una discapacidad del 33%, que no le impide, sin embargo, hacer numerosos trabajos. Y por si alguien busca personal... enumera los puestos en los que ya ha trabajado y tiene una dilatada experiencia: «En atención al cliente, soporte administrativo, atención telefónica, recepción...Tenemos que pensar en las puertas que se nos abren. No nos podemos quedar atrás», añade esperanzada.

Pese a existir una ley que obliga a aquellas empresas con más de 50 trabajadores a reservar un 2% de los puestos de trabajo para personas con discapacidad, el 81% de las compañías españolas incumple esta norma, según sostiene un estudio elaborado por Leialta.

El informe de esta consultora especializada en el asesoramiento para la inclusión de personas con discapacidad también pone de relieve que las empresas están dejando de aprovechar los beneficios que prevé la ley, y que alcanzan el 75% de los gastos laborales por empleado, y sobre todo, «el beneficio social que supone la integración laboral de las personas con discapacidad».

«En muchos casos», subraya Francisco Mesoneros, director general de la Fundación Adecco, podrían vivir con las prestaciones que reciben, «pero deciden aportar su talento al mercado laboral realizándose a través del empleo. Nosotros tenemos plenamente constatado que su nivel de competitividad es igual al del resto de los trabajadores, es más, muchas veces ven reforzados valores como el esfuerzo y la superación, aspectos que les convierten en fichajes estrella».

En 2014, más de 1.300.000 personas con edades comprendidas entre los 16 y los 64 años tenía un certificado de discapacidad. De ellos, tan sólo un 38% eran activos. De hecho, de acuerdo a los últimos datos facilitados por el INE, la tasa de actividad en este colectivo era 39 puntos inferior a la de la población sin discapacidad.

Para Mesoneros, la única forma de superar los prejuicios y los falsos mitos en torno a la discapacidad (menos productividad, más absentismo) «es crear una cultura corporativa abierta a la diversidad». Por eso, desde la Fundación Adecco apuestan por iniciativas que normalicen esta diversidad en el seno de las empresas: voluntariados corporativos, jornadas de sensibilización y otras actividades que permitan a los empleados convivir con la discapacidad, empatizar con ella y derribar barreras y estereotipos». Aunque, en última instancia, son conscientes de que la clave reside en «hacer efectiva la incorporación de un trabajador con discapacidad, descubriendo en primera persona que no hay menoscabo de su rendimiento y que son profesionales como cualquier otro».

A juicio de Sabina Lobato, directora de formación, empleo, proyectos y convenios de la Fundación ONCE, «los prejuicios o ideas preconcebidas generalmente están vinculadas a la falta de conocimiento». Por eso, trabajan «en todos los ámbitos en los que existen oportunidades de empleo y también en la capacitación a través de la formación para el empleo, la concesión de becas y la realización de prácticas». añade. Así, FSC Inserta es la entidad de la fundación especializada en la orientación e intermediación laboral para personas con discapacidad que cuenta con servicios de empleo desplegados por todo el país.

Además, también disponen de un programa para fomentar el emprendimiento; y cuentan con un grupo empresarial, Ilunion, que ya ha dado empleo a más de 32.000 trabajadores, de los que el 35% son personas con discapacidad.

Ramón Rodríguez es la otra cara de la historia. A este periodista de 28 años su discapacidad no le ha impedido encontrar un trabajo, aunque a los 21 el mundo se le vino abajo cuando empezó a tener problemas de audición que le fueron aislando poco a poco.

«Trabajaba en un medio de comunicación cuando me diagnosticaron la enfermedad por la que en un futuro necesitaré un implante coclear. Me quedé sordo muy rápido y dejé el trabajo. Estaba muy deprimido», recuerda. Siete años después, con la ayuda de la Fundación Adecco, este joven periodista vuelve a sonreír. Trabaja en una empresa de internet especializada en temas de salud, y su discapacidad auditiva no le hace diferente al resto. «En ningún momento me he sentido discriminado. Mi discapacidad nunca ha sido un problema. Siempre me han valorado como un trabajador igual que el resto de mis compañeros», asegura.

«Sólo paso algunos momentos complicados cuando no entiendo bien por teléfono, pero siempre termino comprendiendo lo que me dicen. Además, cuando uno pierde una capacidad, desarrolla otras. Yo, por ejemplo, ahora soy mucho más observador», añade. Ramón es optimista. Piensa que cada vez hay menos barreras y que la sociedad está cambiando poco a poco su forma de ver la discapacidad.

Pero para recordar que todavía quedan algunas, la Fundación Adecco ha lanzado #GrandesProfesionales, un proyecto en el que ha participado Ramón prestando su imagen para un calendario, y con el que se pretende hacer ver que «el valor de las personas y su talento están por encima de las etiquetas».

Fuente: El Mundo

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